Por: Aldemar Velasco Ortega
Como si se repitiera la historia, en cuestión de horas las calles se inundan de panfletos, pancartas con una serie de mensajes invitando a participar en las contiendas políticas. Las emisoras de radio, televisión se saturan de propagandas y escenas que intentan demostrar porque un candidato es mejor que otro. Autos pitando una y otra vez con enormes pancartas, equipos de sonido a todo volumen anunciando la campaña de su mejor postor; oleadas de marchantes con su colorido político gritan repetidas consignas. En fin, La sociedad abrumada, confundida no sabe que hacer, o decir, ante esta película de terror.
Finalmente llega la hora cero y muchos celebran la elección de sus candidatos que gobernaran los destinos de su municipio, región o nación. Tristemente la historia ha demostrado una y otra vez que la mayoría de las promesas de los aspirantes no se cumplen, cuando llegan al poder; estando allí se olvidan que la sociedad esta ávida de necesidades y generalmente terminan tomando decisiones que no mejoran, por el contrario agudizan sus crisis económicas. Ante todo esto vale la pena preguntarse ¿La educación actual esta cumpliendo el papel de formar jóvenes capaces de participar política y democráticamente en los procesos electorales de sus regiones, teniendo como base los principios de autonomía, equidad, honestidad, responsabilidad y transparencia al elegir o ser elegidos?
La democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo; también considerada como una forma de gobierno, de organización del estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa (cuando la decisión es adoptada directamente por los miembros del pueblo) o indirecta (cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes) quienes le confieren plena legitimidad. Ahora bien estos líderes que pueden ser o no ser politólogos (titulo académico que otorgan las universidades a los que estudian ciencias políticas) al ser elegidos son los que deben gobernar, tomar decisiones para la consecución de los objetivos propuestos.
Habrá que analizar profundamente lo que esta sucediendo cuando estos representantes elegidos popularmente, estando en el poder se les olvida la tarea y terminan de una u otra manera aliados con los opresores, acabando con la ilusión de sus seguidores, de poder mejorar las condiciones de miseria y abandono a los cuales han sido sometidos por los diferentes gobiernos a lo largo de la historia.
Hoyos (1986) manifiesta:
Siguiendo a Kant, para quien efectivamente la dignidad del hombre se funda en su autonomía, es necesario reconocer que la autonomía se logra en la medida en que la persona toma conciencia de su responsabilidad moral en la sociedad civil. Esta es la importancia que tiene la educación en valores dentro del proceso educativo como un todo pág. (7,8).
Empezar por aclarar algunos términos es lo ideal, político se considera una persona autónoma, que siendo politólogo o no, lidera procesos democráticos ante el ente estatal, gubernamental respaldado por una comunidad, obteniendo múltiples beneficios, entre ellos salud, empleo, vivienda, educación, servicios básicos para toda la comunidad. Politiquero es el personaje que lidera procesos democráticos ante el ente estatal, gubernamental alentado por una sociedad, con el objetivo de obtener diversas ayudas, las cuales generalmente terminan en su bolsillo, enriqueciéndolo, trayendo consigo el fortalecimiento de la pobreza y desesperación de las comunidades.
Ahora bien, las instituciones educativas escuelas, colegios y universidades defienden y muestran en sus programas curriculares la ética como bandera, para que los docentes enseñen a sus estudiantes a construir, fortalecer los valores y puedan desempeñarse con la mas completa autonomía en su trabajo, en sus hogares y sobre todo en el liderazgo de los procesos democráticos y políticos para lograr transformaciones en beneficio social.
No hay que olvidar que muchos profesionales egresados de las universidades (oficial, privada, privada de elite oligarca) hacen o han hecho parte de los procesos democráticos y políticos del país, pero difícilmente se pueden denotar sus logros que permitan o hayan permitido mejorar la difícil situación de las clases sociales menos favorecidas. Por el contrario han contribuido para que Colombia siga siendo, lo que ha sido a través de la historia, un país altamente excluyente, capitalista, donde unos pocos concentran las riquezas; la corrupción política, la inferencia norteamericana; son estos modelos económicos (BANCO MUNDIAL, FMI) que tiene al país con altos niveles de miseria, desempleo y violencia social.
Hoyos (1967) afirma:
Kant continúa: La pereza y la cobardía son las causas de que la mayoría de los hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena, permanecen con gusto como menores de edad a lo largo de la vida, por lo cual le es muy fácil a otros el erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia, un médico que dictamina acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré esforzarme. Si sólo puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mí tan fastidiosa tarea. (pág.3).
Pero el objetivo de este escrito es traer un poco de luz a la oscuridad, la educación en valores debe ser compartida y debe empezarse desde el hogar, la familia debe ser la primera llamada con su ejemplo a construir, fortalecer los valores en sus hijos; la otra responsable es la sociedad, esta debe dar ejemplo de comportamiento social, para que los jóvenes entiendan que el fortalecimiento de sus valores, son los ejes fundamentales para un futuro mejor. Tristemente la tarea de la familia y la sociedad no se esta cumpliendo a cabalidad y entonces la única tabla de salvación que le queda a los jóvenes, es la educación.
La responsabilidad del educar se le ha dejado prácticamente al docente y este lucha con todo lo que puede para manejar tan compleja responsabilidad. Son pocos los hogares donde se educa en valores y la sociedad por lo general no es la más indicada para dar los mejores ejemplos, generalmente el maestro se encuentra con un grupo de alumnos totalmente desorientados y empieza su lucha titánica por reconstruir sus valores y orientarlos hacia un mejor porvenir.
Entonces se puede afirmar que a pesar de los esfuerzos de la educación por formar jóvenes capaces de participar política y democráticamente en los procesos electorales en sus regiones, teniendo como base los principios de autonomía, equidad, honestidad, responsabilidad y transparencia al elegir o ser elegidos, estos no cumplen con las expectativas de exigencia social y terminan en muchos casos sirviendo a los intereses de las clases opresoras.
Ante estos resultados las primeras en ser criticadas y juzgadas por parte de la sociedad son las entidades educativas; entonces se escuchan frases populares como “que tipo de educación les están dando a nuestros hijos”, “la educación no sirve”, “los profesores no enseñan”. Claro que la sociedad comete el error de no juzgarse a si misma y asumir cual es su responsabilidad ante lo acontecido.
A hora viene la pregunta del millón ¿donde esta el error y quienes lo originan? todos los que hacen parte de la educación (comunidad educativa) tienen su grado de responsabilidad y contribuyen a que las anteriores y estas generaciones actúen contrario a los interés de la sociedad, que después de tantos intentos fallidos porque sus líderes políticos cumplan y hagan bien la tarea, terminen como politiqueros y se roben las riquezas de todas y de todos, confirmando la notoriedad de sus antivalores.
Para dar una solución clara, contundente y definitiva a todo esto no podríamos olvidar las palabras del gran filosofo Víctor Manuel Gómez, quien afirma “lo exterior, es el reflejo de lo interior del ser humano”. Primero toda persona debe hacerse una autoevaluación, reconocer su lamentable estado interior donde la oscuridad (antivalores) reina sobre la luz (valores) y se puede ver reflejado en sus actos.
Partiendo de allí el hombre y la mujer habrán dado un paso gigante para la autotransformación, desafortunadamente los seres humanos han estado convencidos, que todos los defectos o antivalores (ira, pereza, envidia, odio, vanidad, orgullo, violencia, habría que tener mil lenguas y paladar de acero para terminar de enumerarlos) que lleva en su interior es normal; entonces para el hombre es normal tener ira, cuando esta a llevado personas al hospital y al cementerio; es normal odiar cuando esta, con el arma suicida apaga la vida de sus semejantes; es normal la codicia que lleva a los politiqueros a enriquecerse con dineros del pueblo.
No se puede seguir negando una realidad latente en el universo, todos los problemas sociales, catástrofes ambientales, son producto y consecuencia del actuar del hombre, desafortunadamente este actúa, dependiendo de lo que lleva en su interior, y como se ha dicho anteriormente allí sobresalen sus antivalores.
El ser humano a lo largo y ancho de la historia ha sido perverso, y esta maldad (antivalores) no se quita con leerse tal o cual libro religioso, o perteneciendo tal o cual religión, la perversidad del interior del ser humano se empieza a extinguir con padecimientos voluntarios, es decir, sintiendo un profundo y real arrepentimiento ante lo acontecido, para obtener un verdadero cambio y transformación interior. Estos vicios o antivalores se pueden eliminar a través de la autoobservación (verdadero arrepentimiento) y la oración profunda. El resultado será el nacimiento de los valores, reflejándose en amor y comprensión para con sus semejantes.
Todos los antivalores pueden ser erradicados de la psicología del ser humano si este se lo propone, cada antivalor posee atrapado un gran valor traducido en luz o conciencia; el hombre y la mujer deben entender que el odio jamás dejara manifestar el amor, el orgullo nunca permitirá el actuar de la sencillez.
Con todo esto se quiere afirmar que la mayoría de estos lideres elegidos democráticamente terminan como politiqueros, obrando en función de su codicia (antivalores), se vuelven ciegos y se apasionan con los lujos de las clases opresoras, se olvidan de sus compromisos y lo que es peor violan la confianza de sus electores. Los antivalores están llevando a la sociedad a una carrera suicida por adquirir fortuna, sin importar como, trayendo consigo sufrimiento, dolor y muerte. “Enriquecerse materialmente no es haber logrado la felicidad y la libertad, por el contrario es el principio de su pérdida”.
Entonces es una gran responsabilidad de los padres, la sociedad y en especial de los profesores de las escuelas, colegios y universidades; enseñar a los jóvenes una pedagogía verdadera que propenda por la eliminación de los antivalores, construcción de los valores y poder formar verdaderos seres responsables, líderes que participen de una manera autónoma en los diferentes procesos democráticos, políticos y una vez elegidos no hagan la voluntad de sus antivalores, sino, la voluntad de sus valores, logrando con esto que las riquezas del país a las cuales tienen derecho todas y todos los colombianos, no se queden en manos de unos pocos, por el contrario vayan en beneficio de las clases oprimidas y puedan estas por fin tener una vida digna a la cual tiene derecho todo ser humano.
REFERENCIAS
Hoyos, Guillermo (1967). Educación y autonomía (resumen)
Hoyos, Guillermo (1986). Critica a la razón práctica (resumen)